Lo primero que se te ocurre después de pasar una tarde en ARCO08 es pensar: pero cuanta tonterÃa. En la cola de entrada comienza. ARCO se contagia de la pasarela Cibeles por el modeleo, en este caso del público asistente. Y piensas: ¿qué es lo que pretende conseguir esta gente con esas pintas? ¿Reconocerse como artistas?¿Como modernas?¿Como divinas? Y ¿para qué?.
Como en las fiestas de la corte de Luis XIV, la feria de ARCO es un baile de máscaras en el que las distintas clases aristocráticas del arte están bien separadas. Miércoles y jueves es la visita profesional, además de las inauguraciones por parte de los reyes y las instituciones polÃticas. Los prÃncipes podrÃan ser las instituciones y coleccionistas, los siervos serÃan los galeristas que exhiben sus atracciones anuales. Qué cantidad de obra, cuantos artistas y que parecido es todo pero estos superprofesionales se lo curran. No pierden ojo ante un posible comprador. Poseen una extensión en el cerebro que les permite distinguir que público es diletante, cual es cultureta gafapasta y quienes son los verdaderos coleccionistas, los que finalmente compran.
ARCO, desengáñense, es una feria comercial en el que los propietarios de los carÃsimos stands lo único que quieren es vender, podrÃan ser ordenadores, muebles, souvenirs, zapatos o, como es el caso, arte contemporáneo. Hasta ahà la única relación con el arte, su conversión en dinero. Que nadie pretenda visitar esta feria como exposición de los grandes avances, sino de las últimas tendencias. Y es importante el matiz. No se exhiben investigaciones novedosas, sino más de lo mismo de los últimos años, y es que el mercado es muy conservador y compran sobre seguro con lo que se lleva este año (cómo en Cibeles).
Por allà se pasean las instituciones ofreciendo prevendas al comercio por encima de la investigación. En lugar de molestarse y observar de cerca el lugar de creación, en los talleres de los artistas, se acercan por ARCO para que las galerÃas les muestren sus propuestas comerciales del año. Convirtiéndose, los museos y centros de arte, en amplificadores de modas en función del mercado, que no de las verdaderas pesquisas que se cuecen a fuego lento en la intimidad del estudio.
A continuación, dentro de la aristocracia del arte, están los artistas (perdidos en el fango) son parte de la exposición. No ya por sus ridÃculas performances (donde hacen de monito de feria) sino que están a disposición de ser presentados, nada más, ya que la palabra la pone el galerista. Y por último está el vulgo, seres invisibles que hacen mucho ruido. A partir del viernes, con la visita de los colegios, y el fin de semana, con la visita de las familias y ex-artistas, ARCO pasa de ser un baile de prÃncipes a picnic en un parque temático. Y el lunes a cerrar ventas apalabradas y recoger hasta el año que viene que proyectarán una nueva versión de la misma pelÃcula.
(Publicado en el periódico El Adelanto de Salamanca, 15/02/08, página 54)









