Fotos de calles colapsadas por textos publicitarios con indicaciones dispares e, incluso, contradictorios. David Escanilla observa la urbanidad visual de Ciudad de Panamá, siguiendo los mensajes del azar, sus cambios de significado y la manipulación de esta amalgama lectora donde la confusión y el artificio son las verdaderas directrices. Con el tÃtulo de “Fake†(no genuino, irreal o falso) se viste esta exposición de ambigüedades en el centro de arte DA2 (Salamanca). La pregunta de qué es real y qué es falso está fuera de la muestra ya que desde el principio se advierte a través del tÃtulo que todo es un engaño, más aún cuando vemos al propio artista en los carteles. Además de las fotografÃas a gran formato hay dos vÃdeos expuestos sobre plasma, uno recoge más imágenes estáticas de la serie exhibida y el otro va recomponiendo indicadores de calles relacionadas con actividades tipo: calle de la rentabilidad, reversibilidad, productividad, etc.
Al final de la sala, tras las cortinas negras, David Escanilla exhibe su vÃdeo “Bill Killâ€. Un falso documental (se parte de que es falso por el fake que aglutina toda la propuesta expositiva) en el que muestra las calles de la capital de Panamá, comentando con tÃtulos sobreimpresos la historia reciente de este paÃs: la intervención estadounidense de 1989, como testeo de armas y tácticas, y de cómo hoy en dÃa esas armas están a disposición de los civiles, creando un estado de terror cotidiano. Corona la cinta una entrevista nocturna a un encapuchado capo de la banda "Tiny Toons", que es perseguido y detenido por la policÃa al concluir el vÃdeo. Demasiadas casualidades, el final confirma que el engaño.
Como género mediático, el fake nace en la prensa cuando en 1898 W. R. Hearst, para avivar la guerra de Cuba, comenta “ustedes denme las imágenes, que yo pondré la guerraâ€. Se fabrica una ficción destilando el soporte veraz del documento. Los referentes podrÃan ser Basilio MartÃn Patino en su trabajo sobre Casas Viejas como Orson Welles en “F for fakeâ€, cineastas de archivo que manipulan materiales ajenos. Sin embargo, el trabajo de Escanilla está más en la lÃnea de los artistas contemporáneos Javier Hurtado y Lluis EscartÃn, del primero un interrogatorio nocturno a un travestà coaccionándolo para definirse a sà mismo como cultura y el segundo explorando Alt Penedés catalán las relaciones interpersonales de sus vecinos con alguien que nunca sabremos si realmente existe.
Fake, asà mismo, es usada en informática para referirse a un archivo o servidor falso, o corrupto, también se utiliza para referirse a usuarios que se hacen pasar por otros en foros, chats, etc. Sin embargo, sea real o ficción, este vÃdeo llega a parecer genuino (por imagen borrosa, oscura y granulada), con la misma veracidad que posee cualquier programa de reportajes televisivos (que en su mayorÃa son fakes: posados, preparados y todos esos “-ados†del amarillismo) o los montajes fotográficos. De por sà el audiovisual es, tanto por el encuadre, como a través del procedimiento de ensamblaje de planos, un fraude, ya que bajo la apariencia de realidad que muestra, se esconde la mayor mentira que un medio artÃstico pueda perpetrar: la falsificación de la realidad.
Fake, supuestamente, es una historia sobre engaños, pero no sabemos cuales son, si la anécdota del vÃdeo “Bill Kill†o toda la exposición. Este es el fraude particular del prestidigitador Escanilla, un guiño como mago del arte, la dualidad entre lo real y lo ficticio en la representación artÃstica. Como dice el titular del video en YouTube, “Todo es un fake, la belleza tambiénâ€.
CARLOS TRIGUEROS









