©Cristina Fontsaré
La fotografía revela misterios, y eso lo hemos podido comprobar tanto en la obra de Nate Larson y Will Shank (recientemente expuestos en la Casa de las Conchas), de un modo supersticioso, y de manera más intima y espiritual en el trabajo de Gregory Crewdson, que pudimos contemplar en DA2 hace unos meses, así como en las fotografías del australiano Bill Henson, que estuvo en Patio de Escuelas en 2003. La joven fotógrafa barcelonesa Cristina Fontsaré se encontraría en el segundo grupo. En su exposición No te prometo un mundo maravilloso, que se puede contemplar en la Galería Benito Esteban, http://www.benitoesteban.com/, hasta el 11 de noviembre, se escapa por el bosque y el camping de caravanas para descubrir la iluminación artificial.
Apoyándose en las distintas calidades casuales de la luz y su color innatural, descubre figuras que transitan la densa noche. Los espacios parecen ser colindantes a un campo verde donde el ocio y esparcimiento se disfruta en la piscina, el camping, las casas de campo, etc. Los individuos iluminados, atrapados en ese in fraganti fugaz por una lente imperturbable que describe el espacio, revelan tanto acciones ausentes como diálogos de miradas en la oscuridad, e incluso búsquedas de lo desconocido, y banal a la mañana siguiente. Pero esa diversión aparece transfigurada por turbulencias internas que suman a la persona retratada en una pausa, un instante íntimo, ensimismado. Cuando se toma conciencia personal de una estremecedora realidad que paraliza.
Cristina Fontsaré recupera en sus imágenes el concepto maestro de la fotografía, la instantánea. A través de la pericia sutil del instante preciso se pueden contemplar momentos únicos y mágicos cuyos segundos anteriores y posteriores fueron completamente distintos. Momentos situados en narrativos formatos alargados, de proporción 1:3, que necesitarían más tamaño para descubrir la multitud de elementos que pueblan esos escenarios. Jugando con todo lo que se le presenta en ese disparo, Fontsaré captura escenas claves para la imagen final, cuyo único montaje es el de la unión panorámica de las distintas fotografías individuales. Pero no persigue lo preciso, la imagen pura, sino que los pequeños desenfoques incitan, aún mas, el misterio onírico creando en la propia imagen diferentes planos de realidad. El fragmento mejor enfocado, el más real, más verdadero, o más cercano al espectador, puede ser algo tan trivial como la corteza de un árbol o unas baldosas de piscina, mientras que en el resto de la imagen el foco se emborrona fantasmagorizando los personajes.
Incertidumbres que descubren situaciones íntimas a través de atmósferas contrastadas, en una suerte de dejavús capaces de desmitificar el fervor del ocio particular. Estos instantes iluminados transmiten la esencia de lo vislumbrable, experiencias aplicables al pasado propio de quien las contempla.
CARLOS TRIGUEROS
PD.: Podéis ver el dossier de la exposición No te prometo un mundo maravilloso en:
http://www.benitoesteban.com/No%20te%20prometo....pdf











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20.10.07 @ 12:57