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Archivos de: Agosto 2007

El idilio de abajo arriba (y abajo, y arriba, y abajo, y arriba,?) en el DA2

por tmori @ 11/08/07 - 18:31:47

PaulaAnta_Copenhague

© Paula Anta, 2006

Continuamos por la exposición del verano, Idilio. Saltamos de Patio de Escuelas a DA2, la primera parte de la visita trata del idilio de lo primigenio y lo elemental (de gorila a gorila) y de la comunión con la naturaleza. Un gran rótulo con la palabra Paradise, de Pietro Sanguineti, impecablemente diseñada y ejecutada, nos habla del paraíso siempre prometido actualizado por la moda, lo sintético y lo virtual, la nueva utopía. El conjunto más interesante es el del paisaje virtual pintado como si estuviese tomado de uno real, de Valerie Favre, y que funciona como fondo de las tres figuras: dos ciervas enjoyadas peleando y un hombre rojo potencialmente explosivo, el idilio de los tríos de Carl Emmanuel Wolf. Pasando de nuevo por la naturaleza sintética del paraíso llegamos la ciudad de ensueño plástico de Won Ju Lim, para, a continuación, llegar a las fotografías de domingueros urbanitas y sus nuevas casas. Urbanizaciones de Salamanca que forman una nueva clase residente en el entramado social.

En la llamada Horquilla, la zona central del DA2 aún continúa el inefable Ackermann con su megalomanía mental. Peligrosos son los artistas cuyo pensamiento quiere reordenar el mundo, nos recuerdan a uno que no consiguió entrar en la Escuela de Bellas Artes de Viena allá por 1913. Entre sus neuronas se encuentran distribuidas otras obras del idilio.

Pero una de las propuestas más sublimes, a la par que sencillas, es la obra de Douglas Kolk. Dibujos a línea, tipo cómic, de las aventuras y desventuras de la Suicide Girl. Una lección de cómo narrar la sensibilidad y las utopías actuales con los mínimos elementos: lapicero, marcadores y papel. Cada una de sus aventuras forman un mosaico sobre las subculturas (hasta que se conviertan en zombis), el deseo y la ansiedad recordándonos a la resabiada Tank Girl.

Tras esta pared se encuentran dos propuestas fotográficas interesantes la de Ángel Marcos, relatando alegóricamente lo que puede pasar en un pinar y la de Tom Hunter, recreando contemporáneamente escenas de la historia de la pintura. A lo largo de esta planta hemos podido viajar desde los albores de la humanidad hasta las miserias de la actualidad en un idilio desencantado de utopías que culmina con el amor por el dinero, o la búsqueda de tal. La obra del salmantino Núñez Gasco, Miserias Ilimitadas Lcd., desarrolla una empresa verídica que se dedica a pedir por la calle. La mendicidad como un objeto mercantil con sus propios derechos y regulaciones legales. Otro negocio suicida cuyo fin es internacionalizar dicho producto, el acto de mendigar, y llevarlo a la quiebra, opción nihilista (sin romanticismos) de la que nadie es capaz en esta sociedad.

Pasemos a la segunda planta del idilio en el DA2. Antes que nada observar que un cuadro de Francis Alÿs une ambas, un tipo con jersey de lana azul que se va deshilachándose por el bosque, ¿buscándose a sí mismo?. Girando a la derecha nos encontramos con el paisaje definitivo de todo idilio, la isla de la utopía de Tomás Moro. La sala mejor dispuesta de toda la exposición Idilio. Un paisaje enorme de montañas nevadas con óleo negro es iluminado por otro de neón azul de una bahía, ambos de Sven Drül, agitando la historia de la épica romántica. La pared siguiente nos presenta un cuadro de cuatro metros de una isla idílica contaminada de Dirk Skreber. En el centro, de Michael Samuels, una maqueta de la isla aislada, emergiendo de un mar de resinas azules y que se corresponde con otras maquetitas de paisajes de aislamiento en soportes cotidianos. Por cierto, ¿alguien ha visto la serie Perdidos?, pues esa desazón y misterio transmiten, condensadamente, estas obras.

Siguiendo el enigma podríamos saltar al vídeo de Mireya Masó sobre los hielos de la Antártida, donde la solución está en el último segundo (merece la pena esperar). En la siguiente sala están las curiosas piezas de Pae White (acérquense y vean), la fallida instalación de Thater y el gramo de felicidad idílica de Núñez Gasco.

Si volvemos sobre nuestros pasos, a la izquierda hay más sorpresas, sobre todo instalaciones (sinceramente, no nos ha convencido ninguna) hasta llegar al ano de un dios. Anus Dei es un cuadro de Daniel Verbis construido con lona plástica que asemeja a una explosión de alegría, o una gran flor, pero que leyendo su título le da un sentido más profundo. Y de culo a culo, por un lado la representación videográficamente grotesca del cuento de Heidi, y sus relaciones con el abuelo, por Mike Kelley y Paul McCarthy. Película difícil de apreciar en su extensión, ya que está exhibida en un plasma y no es posible aguantar delante y de pie los sesenta y dos minutos que dura. Y otro culo más adentro, del que le cuelgan los genitales ante un paisaje idílico, algo así como el hombre ante el abismo de Friedrich en la versión nudista de Vezzoli. Y terminamos con el idilio del hombre que quiere ser invisible, de Daniel Roth. Narración conceptual sobre la necesidad de desaparecer sin dejar de existir. Como suele suceder cuando cae el decorado de cualquier idilio, descubriéndose la verdad.

Lo que se hamos podido comprobar, en la visión general de esta exposición, es que lo idílico está mal visto por el arte actual. No existen utopías, o se identifican con fracasos o engaños. El ideal actual proviene del nihilismo y la nada dominante absorbe toda ilusión. Pero la realidad es que los idilios actuales son muy particulares y no son posibles de observar desde arriba, desde puntos de vista coincidentes. Y para ejemplo una imagen de una gran artista (finalista en el premio de fotografía de El Cultural del Mundo), Paula Anta, y su extenso trabajo sobre las camas de hoteles idílicos.

Carlos Trigueros


 
 

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