©TMori
Larry Sultan es el epílogo de la Mascarada. Programado para este monográfico por razones de espacio no pudo ser expuesto en sus fechas, por lo que lo hemos podido disfrutar desde enero hasta el mes de abril en el DA2. La exposición ‘The Valley’ consistente en cincuenta y tres fotografías realizadas desde 1999 en espacios habitados de San Fernando Valley (Estados Unidos). El denominador común de todas estas viviendas es que son alquiladas para la filmación de películas pornográficas, y las fotografías han sido tomadas durante estos rodajes.
La estrategia es perfecta, disfrazar de morbo un espacio para volcar la lujuriosa imaginación del espectador. Ya que aunque el motivo son los paisajes, quien mira busca las figuras y sus abalorios, incluyendo objetos que casualmente están por allí pero que el contexto les otorga alguna perversa función. En muchas de estas imágenes se muestran los actos sexuales censurados por las arquitecturas circundantes, un sin fin de miembros desperdigados. Pero al edificio también se le une sus habitantes ocasionales en momentos de pausa, o las actividades del equipo técnico fuera de cámara, que observa la escena como si fuese una operación.
Tanto realismo oculto rebulle en la cabeza del mirón ocasional parándose en esas imágenes donde el decorado se hace palpable. Enormes telones fotográficos de fachadas o de paisajes que actúan como fondo de las grabaciones en los estudios.
Estas fotografías son realidad camuflada que esconden el meollo del asunto. Tras un mobiliario y decorados altamente horteras aparece la mirada globalizadora del consumismo americano y el desmesurado deseo de apariencia se ve en el objeto inicial de las imágenes, el espacio contenedor. En esta Disneylandia del amor, la realidad del mal gusto tras las bambalinas (en ocasiones más real que lo real), funciona un simulacro como el que sugería el recientemente difunto J. F. Baudrillard. No se trata de una interpretación falsa de la realidad, sino de ocultar que la realidad ya no es la realidad y, por tanto, de salvar ese mismo principio de realidad. Por lo que para distinguir lo real de lo ficticio en estas escenas fotográficas se necesitará una exploración de las imágenes, comparando indicios que muestren lo real al momento de ocultarlo. (Una estrategia teórica para tomar distancia respecto a los asuntos morbosos y censurables). Aunque no es posible ocultar la gran admiración estética que producen esos cuerpos revueltos al interpretarlos como una “performance”, una obra de arte en sí misma integrada en sus particulares espacios de exhibición, las casas en The Valley.
Carlos Trigueros











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