Los medios de comunicación nos suministran la imagen de los Estados Unidos como paraíso, al igual que como infierno. La cultura actual, inevitablemente, proviene de allá. Por imposición directa o exposición subliminal la realidad particular ambiciona semejarse a la americana. Pero, frase de película Hollywood, “el que logra el éxito siempre tiene sangre en las manos”, o traducido al castellano, “tiene muertos en el armario”.
Otra de las máscaras que nos desvela, el centro de arte de Salamanca DA2 esta temporada, es la política y la violencia de este país idealizado. Por un lado, Larry Fink caricaturiza al presidente americano como un bufón descerebrado que vive en una orgía continua. Partiendo del trabajo de los expresionistas alemanes Beckmann, Grosz y Dix en su representación decadente de la “idílica” alemania de los años veinte, de patética fiesta continua sobre un pueblo que pasaba miserias. En las fiestas fotografiadas por Larry Fink ironiza sobre la práctica imperialista americana, una fiesta de políticos y prostitutas (como comenta el artista, “la mujer debe entenderse como una metáfora de nuestra política exterior…”) encabezada por su Bush junior. Este sarao y comparsa de asesores son ridiculizados como una divertida camarilla, al igual que como una organización clandestina de crápulas que ocultan sus actividades al resto de mortales. No es extraño que sea un trabajo proscrito en su país de origen.
Charlie White va más allá, transforma, sin olvidarla, la ironía en alegoría y asume que el mal en la cultura americana es el resultado de la tradición occidental. En su trabajo “Everything is American”, (Todo es América) retrata desde el primer homosapiens, cuya inteligencia germinó a partir del asesinato, pasando por el legendario vencedor de Goliat, hasta llegar a los grandes mitos estadounidenses como las chicas de Charles Manson, el suicidio colectivo de la secta de Jim Jone, las cárceles iraquíes, etc. Como pausa, los felices años cincuenta, donde la inocencia y felicidad americana brilló por última vez (después vinieron los hippies y de mal en peor). Las imágenes son composiciones que recuerdan a la pintura histórica del siglo XIX. Construcciones fotográficas milimetradas y retocadas, en las que nada falta ni sobra y donde la violencia se hace explícita por detalles de fondo. Como si de máscaras rituales se tratase, el trabajo de Charlie White historiografía espíritus antepasados, héroes mitológicos, su recombinación y actualización, a través del hálito de la violencia, que lo impregna todo.











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