por
tmori
@ 10/03/06 - 23:17:46
Tras experimentar los noventa minutos del vídeo "Filmi999" de Seppo Revall (según el personal del DA2 soy de los pocos que lo han hecho) el resto de las piezas cobran sentido.
"Filmi999" es una recopilación de películas de dicho autor que, según su título, comprenden la producción de ese año pero que hacen referencia tanto a su pasado como configuran el futuro de este artista audiovisual. El punto de vista es personal, e intransferible. Grabaciones en soporte cine Super8, sobre todo blanco y negro, aceleradas y unidas a capón con la banda sonora de una sesión dj. y ruidos adicionales. Cada secuencia trata de un espacio, de un tiempo o de unas personas concretas.
El comienzo y final coinciden en abstracciones propias del medio cine (pelos, rayas, ruidos y rascaduras) junto a negativos, rayogramas y colas de películas acompañadas por ruidos de vinilos sin música. Un homenaje al cine experimental de los 60-70. A continuación unos minutos de dos señoras en pausa (que no en pausa la imagen) y comienza el alubión de fotos familiares (suponemos que de Seppo) continuando con secuencias de situaciones domésticas, viajes, anécdotas, etc.
La primera impresión es que Seppo Renvall es el típico pesado que no se quita la cámara de la cara y que graba constantemente. Si profundizamos vemos que es una investigación personal sobre la vida cotidiana, convirtiendo en pasado el presente de aquel momento. Supuestamente son de 1999 pero por su intemporalidad podemos pensar que son de los años 50, o de los 70, etc. Estas instantáneas en movimiento de un álbum de fotos personal, como un diario de impresiones, constituyen un viaje turístico por lo prosaico. Parece que Seppo se queda absorto mirando a las personas, lugares, cosas y situaciones en un afán de succionar su esencia, más que por un ánimo coleccionista. Tiempos y lugares superpuestos, como en la película de Dziga Vertov, El hombre de la cámara.
La elevada velocidad de las imágenes imprime ritmos alternativos a los movimientos de la cámara y de los sujetos. Contrasta la poética del blanco y negro, los desenfoques y repeticiones con la música electrónica grove y acid (que para algunos ya es nostalgia, pues todas las piezas son de finales de los 90). La estética resultante es muy parecida a los vídeos de skateboard. Pero se nota que no quiere supeditar las imágenes a la música, aunque se acabe creando un tercer ritmo a partir de las coincidencias, que lo quiera o no, remarcan el momento. La música le sirve para aglutinar las imágenes mediante el ritmo. Seppo es un videojockey con cine y música de vinilo que confecciona un alegato analógico.
La sensación global es la de una película naif construida inteligentemente, podría llamarse “Mis recuerdos del 99”. Salí de la sala de proyección del DA2 pensando que tiene secuencias muy interesantes, a las que se les podría sacar más partido, pero la extensión total de la película impide que se nos grabe en la cabeza. La sorpresa llegó cuando vi el resto de exposición y algunas de estas secuencias habían sido rescatadas para formar parte de instalaciones y proyecciones autónomas.
Como fotógrafo, Seppo Renvall es un artesano de la fotografía básica, doméstico en las formas y materiales. Su propósito de fotografía impura le lleva a una intimidad y humanidad que contrasta con las tendencias actuales de producciones megalómanas a lo Jeff Wall, o la fría fotografía narrativa de Tracey Moffat, o el nuevo realismo alemán, sin hacer reportaje social. Son transformaciones visuales cuyo propósito fotográfico es “su capacidad para documentar algo extraño”. Sus piezas con estenopeica, “Almost human”, delatan una época de ensueños, como las portadas del sello discográfico de la época. Y la serie “Bulevardi” pide más tamaño, pues las imágenes lo merecen.
Pero existe una dejadez en otros de sus vídeos, un ritmo extraño, como un no creerse demasiado lo que está planteando. Así en “Brugge 02”, en el que los dependientes de tiendas de la zona, lanzan al aire objetos que venden habitualmente, y excesiva la explicación de este vídeo como de demostración de “la fragilidad de la sólida realidad” ya que nada acaba roto. Sin embargo en “Woody” consigue un vídeo existencial a partir de un niño de tres años como un Crusoe en el bosque.
Finalmente, “The Ball Show” es una habitación llena de bolas de espejos sobre las que proyecta vídeos y diapositivas creando con sus reflejos un papel pintado en movimiento, impresionante por su sencillez y eficacia. Quizá el único fallo es que ha puesto demasiada luz, las imágenes descompuestas sobre las paredes quedan demasiado desvaídas impidiendo que el visitante se integre en la instalación. Conclusión: Seppo muy bien.
Carlos Trigueros
(Hasta el 2 de abril de 2006 en el Centro de Arte Contemporáneo DA2, Salamanca)